Una violenta pero adictiva serie que sigue las operaciones de un equipo
encubierto de las fuerzas armadas israelíes que actúa en los territorios
palestinos, otra que está ambientada en Colombia y relata la historia de cuatro
ex compañeros del ejército en una «última misión» en la jungla
sudamericana. Y, por supuesto, la teleserie que se centró en el destino de tres
soldados israelíes capturados durante una operación clandestina en el Líbano.
Fauda, When Heroes Fly (Cuando los héroes vuelan) y Hatufim (Homeland)
tres de los programas clave que revolucionaron la industria audiovisual israelí
hubieran sido impensables pocos años atrás, cuando en el país había solamente
un par de canales de aire y la única manera de ver más TV era a través de
estaciones piratas.
Muchísimo cambió desde principios de los ’90, cuando los televidentes
israelíes pudieron acceder a los nuevos servicios legales de cable y dejar
atrás los viejos canales nacionales que pasaban entrevistas a músicos
populares, noticieros, películas en blanco y negro y shows infantiles.
Ahora, Fauda es unas de las estrellas de Netflix y When Heroes Fly, la que
se desarrolla en Colombia y es un gran éxito en Israel, acaba de ganar el
festival Canneseries y de abrochar su adaptación en inglés al mercado
estadounidense.
«La única programación original que se podía ver» en aquellos
anticuados canales de fines de los ’80 y principios de los ’90 -cuando en
Israel todavía imperaba un cierto espíritu socialista- «era producida por
la que era entonces la televisora estatal, IBA», recuerda Danna Stern,
directora general de Yes Studios, la creadora de Fauda.
«Con la introducción de los canales de televisión comercial a
mediados de los ’90 -continuó Stern en una entrevista con Infobae-, las
audiencias empezaron a esperar de la televisión una programación que reflejara
sus vidas tal cual son en la realidad, a diferencia de lo que hasta entonces el
gobierno consideraba apropiado emitir».
De a poco se fueron agregando los ingredientes para el éxito: una
explosión de canales de cable y la internacionalización de la TV israelí.
Además, fundamentalmente, según Stern, «Israel es un país lleno de grandes
historias y grandes narradores».
En este país, de historia complicada y presente lleno de conflictos,
«nosotros vivimos vidas interesantes e intensas, y el entretenimiento
audiovisual es un gran medio para contar nuestras historias», asegura la
ejecutiva.
Sin duda, esa «intensidad» israelí es un elemento mayor, si no
el principal de este auge de sus teleseries.
El cine israelí ya había abordado, con distinta suerte artística y
comercial, la cuestión del conflicto con los palestinos y su historial bélico.
Yossi & Jagger (2002) y Beaufort (2007) fueron dos de las que se ocuparon
con más suceso comercial y de crítica la guerra del Líbano, la más problemática
para los israelíes.
Posiblemente por eso no sorprendió del todo que el primer gran impacto de
la televisión israelí en el extranjero fuera Hatufim -que luego se convertiría
en el súper éxito Homeland-, la teleserie que en dos temporadas lidió con
varios grandes traumas israelíes: el Líbano, la captura de soldados, y su
traumática reinserción al eventualmente volver a casa.
Enorme suceso de lado, Hatufim ya es historia para las productoras
israelíes.
Mientras miran con orgullo cómo Fauda fascina públicos en todo el mundo,
los israelíes estuvieron hasta hace poco pegados a sus televisores disfrutando
las violentas aventuras de los miembros retirados de un comando especial del
ejército tratando de rescatar a la ex novia de uno de ellos en Colombia.
Diálogos en hebreo, diálogos en español, y disparos de armas que no tienen
idioma sostienen a When Heroes Fly, producida por Keshet, una productora y
emisora israelí que ya cuenta con filiales en México, Gran Bretaña y la India,
entre otros países.
Curiosamente, en la competencia del festival Canneseries, When Heroes Fly
corrió contra otra serie israelí de sabor latinoamericano, Miguel, producida
por HOT, una de las dos grandes empresas de cable en Israel junto a Yes, la
compañía detrás de Fauda.
Miguel es la historia de un joven gay israelí que, empujado por las
rígidas leyes locales de adopción, viaja a Guatemala con el sueño de
convertirse en padre.
La de HOT, otra serie que seguramente empezará a dar vueltas por el mundo,
se llevó de Cannes premios para sus principales intérpretes, los israelíes Ran
Danker, Aviv Karmi y Omer Ben David, el mexicano Raúl Méndez, y para Miguel
Sojuel, el niño guatemalteco que dió vida al personaje del título del programa.
¿Qué es lo que atrae tanto a los israelíes de América Latina?
Después de tres duros años de servicio militar para los varones, y dos
para las mujeres, la mayoría de los jóvenes israelíes se toman uno o dos años
para viajar por el mundo de mochileros. «Y América Latina es uno de los
destinos favoritos», afirmó Omri Givon, guionista de When Heroes Fly y uno
de los creadores de Bnei Aruba, otra serie de éxito que fue adaptada en inglés
para el mercado global como Hostages.
Ese viaje por el mundo, que muchas veces los lleva a América Latina,
«se convirtió en una tradición para los israelíes, y para la mayoría se
trata de uno de los mejores momentos de sus vidas, un periodo de gran
libertad», le dijo Givon a Infobae.
En cuanto a Colombia, «apenas supe que nuestra historia se iba a
desarrollar en América Latina, empezamos a buscar la locación adecuada y
realizamos pruebas en varios países», recordó Givon.
«Fue Eitan Mansouri, uno de los productores de la serie quien propuso
Colombia como una opción -siguió el guionista-. Yo no sabía mucho sobre el país
antes de grabar y antes de contactar a una productora local llamada Lulu
Films», agregó.
Givon se tomó un avión «y debo admitir que desde el momento en que
aterricé sentí todo familiar, me enamoré de Colombia muy rápido, me quedé
asombrado con su belleza, no era lo que me había imaginado», confesó.
«La conexión personal con el equipo colombiano fue natural e
inmediata», completó Givon, quien ahora está trabajando en un thriller
ambientado en Israel y no descarta volver a América del Sur para trabajar en
las próximas temporadas de When Heroes Fly.
Fauda, por su parte, se sigue desarrollando lejos de América Latina,
siempre en tiempos de Intifada y en los territorios palestinos. Netflix tiene
actualmente disponible la segunda temporada y, según se anunció, encargó ya la
tercera.
Está claro que este procesamiento audiovisual del conflicto y la violencia
está dando buenos resultados a la industria televisiva israelí. Se trata, dicen
ejecutivos del sector, de sacarle jugo a la experiencia propia en un nuevo
ambiente televisivo global en el que las voces propias parecen estar cotizando
en alza.
En Israel, dice por ejemplo Atar Dekel, jefa de la sección Drama Original
Global de Keshet, «los presupuestos para televisión guionada siguen siendo
muy bajos» en comparación con otros países.
«Esos recursos limitados, combinados con el hecho de que nuestro
idioma no es relevante fuera de nuestros país, nos llevaron a crear una manera
original de pensar» la televisión, añadió Dekel.
De todas maneras, incluso con esa autoestima bastante alta, los
productores israelíes tratan de no perder la modestia.
Cuando se le pregunta si le sorprendió el éxito global de Fauda, Stern, la
ejecutiva de Yes, responde sin dudar: «Absolutamente. Sabíamos que
teníamos en nuestras manos un show raro y maravilloso, con una base local
enorme y muy leal, pero hasta ese momento la mayoría de los acuerdos» con
los mercados globales eran «a través del formato de derechos», es
decir, la venta de la idea para la producción de adaptaciones en inglés, como
ocurrió con Homeland y Hostages, explicó Stern.
«Tener la oportunidad de emitir el ‘Fauda’ original, con diálogos en
hebreo y en árabe y sobre nuestro conflicto local, con nuestros propios
talentos delante y detrás de cámara es maravilloso -añadió la ejecutiva-. Y
tener público alrededor del mundo reaccionando a nuestro producto es
prácticamente un milagro», aseguró.
Mientras buscar mantener y ampliar el suceso, aquí aseguran que los
israelíes pueden hacer comedias (de hecho hay varias en las gateras esperando explotar
a nivel internacional) y no solamente historias violentas.
«De hecho somos bastante aprensivos cuando se trata de encomendar la
producción de una serie sobre el conflicto entre israelíes y palestinos
precisamente porque es tan antiguo que parece estar en el trasfondo de todo lo
que hacemos», confiesa Stern.
La ejecutiva asegura que el éxito les está sonriendo en otros géneros,
como con la comedia The Good Cop, la adaptación en inglés de un show israelí
del mismo título y que Netflix comenzará a difundir en setiembre, y con On The
Spectrum, una «dramedia» que fue exhibida en el festival
cinematográfico Tribeca, en Nueva York.
Cuando se le preguntó que porción de los negocios de Yes Studios (el brazo
productor de Yes, lanzado el año pasado) provienen del mercado internacional,
Stern prefirió no dar números. Pero tanto en Keshet, como en HOT y en Yes (está
desarrollando co-producciones con Televisa, entre otros canales), los cañones
creativos siguen apuntado alto y no le tienen miedo a la competencia.
«¿La Casa de Papel? ¡Me encanta!», se ríe Stern, según la cual
«el ADN» de las teleseries de España o Turquía, otros importantes
«nuevos ricos» del negocio de la televisión, «son muy
diferentes, tenemos distintas maneras de producir y de contar las historias».
Según la directiva de Yes, en el mundo globalizado de la televisión, «hay
lugar para todos».
Las claves del súbito fenómeno mundial de las series de TV israelíes
18/Jun/2018
Infobae- por Marcelo Raimon